Hilo de Tanza es, ante todo, un modo de ser, de sentir y de vivir. Aquí tienen cabida la pesca de altura y la de bajura: los deseos, las opiniones, las críticas y los sueños de quienes no hallamos un mejor modo de darlos a conocer. Quizá encuentres tu lugar en este océano de voces.

domingo, 12 de noviembre de 2023

NOVIEMBRE

 


No es solamente la lluvia torrencial, el viento que desnuda el pudor del castaño, el vertiginoso transcurrir de los días, de los trenes en las tardes de domingo, de la prisa mojada en angustia. No son las palabras que ya no existen y se han quedado grabadas, como improvisados fósiles, en los pliegues de mi memoria. Tampoco es la ausencia, ni el silencio, ni la distancia.

Un vacío extraño. Una catástrofe en el reconocerme menos impulsiva y no por ello más sabia. Un sueño en el que vuelvo a ti como si nada hubiese ocurrido, como si la vida entera hubiera retomado su marcha tiempo atrás y todavía existieran oportunidades para el reencuentro.

Te reconocí esta noche, mientras dormía. Llevabas de tu mano la esperanza, la sonrisa, la promesa.  Volví a ser yo misma y supe, con esa certeza absoluta de quien lo ignora todo, que también me buscabas.

 


jueves, 3 de agosto de 2023

MAR DE ARDORA


 

Ha pasado el tiempo, pero todavía recuerdo aquella noche.

Confundida, ilusionada, transgresora, audaz, impulsiva y libre, sobre todo libre, me acerqué a la orilla. Contemplé el milagro luminiscente, un inesperado regalo del destino. Era, tal vez, la respuesta que la vida acostumbra a dar a los que preguntan en silencio.

La luz resbalaba sobre la piel, convertida en un nido de estrellas. Cada movimiento entre las olas constituía un renacer del universo, sostenido por nuestras pobres manos. Cada salpicadura, una promesa que sabíamos remota e inalcanzable.

Fui consciente de lo extraordinario de aquel don, de las siluetas recortadas contra un firmamento donde Polaris se convertía en norte, pero también en alfiler con el que sujetar todo lo que amábamos, toda la esperanza que albergaban nuestros jóvenes corazones.

Años, kilómetros y desventuras más tarde, no hay arrepentimiento posible. Me he bañado en un mar de ardora y, en estos días en los que el fenómeno es noticia, volvería a hacerlo. Sin embargo, sospecho que nunca será lo mismo. Ojalá la providencia me sorprenda.

sábado, 15 de julio de 2023

FUEGO


La verdad es que, algún día, se te olvidan todas las pequeñas cosas importantes y tan solo recuerdas tonterías inútiles que ya están recogidas en los libros ¿Y de qué sirven si tu memoria resbala con los años mientras te vas convirtiendo en otro ser mediocre? 

Al fondo, en la lejanía, permanece esa llama luminosa parecida a la que ardía en el hogar hace ya tanto tiempo... Mientras tanto, el otro fuego de tu vida crece y va tragándose todos los momentos. Te quedas, entonces, vacía y calcinada como Roma y en lo más hondo del alma, en tu trémulo interior, solamente permanece el aliento de la muerte.


 







jueves, 24 de noviembre de 2022

SI PIAGET LEVANTARA LA CABEZA

 

    

Plas, plas, plas…carrerillas escaleras arriba, escaleras abajo, café en los pasillos, botas de siete leguas a velocidades supersónicas en busca de protagonismo. No lo entiendo. Peor aún, no puede ser sano tanto vaivén ni tanto desvarío. No leen, no piensan, solamente van de un lado a otro como pollos sin cabeza. Después nos lamentamos de que exista una inusual abundancia de alumnado hiperactivo.

Tenemos esta casa nuestra de la enseñanza patas arriba. Cualquier desaguisado se convierte en proyecto, cualquier ocurrencia en ley o profecía. Eso sí, los falsos mesías abundan por doquier. Es como si nuestro cálido hogar se hubiese transformado en un nido de hormigas argentinas, pequeñas pero matonas, que se amparan en el número y el sigilo de sus diminutas patitas para digerir a un paquidermo con fruición en una única jornada.

Plas, plas, plas…. Algunos ejemplares de mal llamado “sapiens” se amparan en palabras grandilocuentes para llevar a cabo cualquier chuminada y sentirse como si hubiesen realizado toda una hazaña.  Pobres infantes, víctimas inconscientes de una locura ampliamente documentada y volcada en las redes casi sin digerir. En esto se está convirtiendo la educación, en un lastimero decorado de cartón piedra que oculta la incompetencia y las ansias de poder de cuatro pobres diablos.

Por este camino no. Por otros quizá tampoco, pero por este seguro que no. Sé que me clavarán puñales por la espalda (a eso ya estoy acostumbrada) por escupir cuatro verdades. Sé que me hincarán sus colmillos envenenados y murmurarán por las esquinas. Pero no hay nada que hacer, lo siento. A estas alturas, como el glorioso Pontevedra CF de hace unas décadas, proclamo a los cuatros vientos que no queda otra, “hai que roelo” y punto.


domingo, 16 de octubre de 2022

LAS SUMAS DE RIEMANN, MI VOZ SOBRE EL PAPEL

 




Hubo un tiempo en el que callé. Me había cansado de predicar en el desierto y de que cualquier voz absurda se hiciese notar sobre los sonidos del bosque que surgía más allá de las fronteras de mi infancia. Eran cacareos, graznidos, promesas de rugidos que terminaban convertidos en acordes disonantes y se extinguían en la magnitud infinita de un cielo guardián. Un cielo siempre misterioso y siempre omnipresente. 

En ese vaivén, el bullicio estrafalario no tenía propósito e iba mudando su timbre y su intensidad según las circunstancias. A veces se distinguía el tintineo de las monedas; otras, el eco grandilocuente de una palabra que retornaba, certera, a la propia garganta desde donde había sido liberada. Pero, por regla general, la banda sonora consistía en una curiosa mezcolanza de repeticiones y notas huecas, alaridos informes, llantos, rabietas, merengue y caramelo que endulzaban el mejunje fermentado de los momentos vacíos.

A medida que crecí, fui comprendiendo que la auténtica música se hallaba camuflada en el silencio, y era tan sublime, tan espectacular y poderosa que el mundo entero se rendía a su verdad, porque de ella nacía y en ella encontraba su sentido. Las voces estridentes menguaron, yendo a refugiarse a las orillas de un océano oscuro que únicamente presta atención a los cantos de sirena. Allí se desvanecieron, convertidas en abono para nuevas simientes.

Fue de ese modo que aprendí, encontrando en lo simple lo complejo y procurando no besar sin amor ni hablar sin motivo. Quizás ingenua o quizás estúpidamente idealista, vivo con el alma al pairo, sin hacer demasiado ruido, pero mi ser fluye a través de mi obra. Os presento al primero de mis hijos, un proyecto antiguo rescatado con el fin de que os hable al oído. Se llama Las Sumas de Riemann, una novela  creada para revivir la última etapa de la adolescencia o para descubrirla, para criticar el universo educativo y para mejorarlo, para solidarizarse, para rebelarse y para dejarse llevar, de la mano de la protagonista, hacia tu verdadera voz.

Gracias por estar ahí.

lunes, 7 de febrero de 2022

EXPERTOS Y OTRA FAUNA (DE TANXUGUEIRAS AO MUNDO)


 

El paso de tiempo me está avinagrando. Hubo un momento en el que prometía ser un reserva, pero se ha echado a perder con los cambios de temperatura víricos y tecnológicos, con las transformaciones extrañas y las desapariciones de toda clase de racionalidad humana. Rousseau estaba equivocado. No, no. Rousseau era un mequetrefe. El hombre, la mujer o cualquier colectivo equivalente no hacen más que hacerle la zancadilla al resto, cuántas más veces, mejor. Bueno por naturaleza es el abejorro que esta mañana se paseaba entre los castaños.

Llega un momento en el que ya no sabemos diferenciar el arte y la basura, hasta pudiera ser que, puestos a elegir, se nos diera por elegir basura antes que arte. El arte entra por los sentidos, para quién los tenga. Tampoco hace falta entrenarlos mucho, ni la sensibilidad es cosa de cuatro privilegiados. Su presencia es electrizante y poderosa. Llega, independientemente de dónde hayas nacido, cuál sea tu raza o tu cultura. Entronca con la tierra, con el agua, con los elementos primigenios que viven en nosotros, que vibran en su extraño equilibrio. Podría ser una danza africana, una flauta andina, una nana inuit, un cuenco tibetano o una pieza de folclore atlántico. Como diría mi hija, están impresos en nuestra memoria mitocondrial.

Por supuesto que defiendo mi tierra, mi cultura, mis ancestros que se extienden por un océano que, en otros tiempos, fue más transitado de lo que se cree. Pero también me fascinan los toques de la cultura andalusí, la fuerza que surge a través de un bosque de voces y crea inauditas fusiones, tiempos nuevos.

El problema no radica en quién representa o no a la esquina del mapa en la que me ha tocado vivir. Que la represente quién sea y punto. El verdadero problema es que tengo miedo. ¿Miedo a qué? Miedo a los EXPERTOS. Es solamente nombrarlos y erizárseme el vello. Que Dios nos coja confesados ¡Socorro, estamos en manos de expertos! Los mismos que tomaron las riendas de la pandemia, que emiten sentencias dejándonos abandonados a nuestra suerte, los que equivocan una cirugía de hígado con una de pulmón, los que invaden los platós dando consejos, los que juzgan el arte y la ciencia, los tribunales de las pruebas de selectividad o de las oposiciones o de lo que sea… ¡Socorro! grito. Vienen los expertos. Jurados y consejeros, gestores y mercaderes del templo. Corruptos. Buitres. Peristas. Traficantes. Nada se escapa a su red. Invaden el mundo, desde el arte a la política, pasando por la medicina.

Cómo me alegro de que a mi madre la hubiera operado de madrugada una joven neurocirujana de guardia, cuyo nombre desconozco y a la que estaré eternamente agradecida por su profesionalidad. Mi vida la salvó también un joven médico anónimo. Brindo por él. Una profesora de biología hizo crecer el amor que ya existía en mi hija por la materia y un experto en historia está dinamitando su interés por esa asignatura.

 Me dan miedo los expertos. Cada vez que los nombran siento que un monstruo viene a vernos. Menos mal que yo no soy experta en nada.

martes, 3 de agosto de 2021

ALEA IACTA EST

-          No deseo perder el tiempo. Os he hecho venir desde muy lejos para escuchar de vuestros propios labios que no podéis hacer nada por ella.

El sabio musulmán levantó la cabeza y clavó el ardiente reflejo de sus ojos oscuros en los de su anfitrión.

-          Señor, no es posible curar a quien no está enfermo.

-          ¡Cómo os atrevéis! Mi hija suspira día y noche sin consuelo. Ni duerme, ni prueba alimento, ni se alegra de mi presencia. Un extraño mal ha entrado en ella, un mal que provoca que se vaya marchitando lentamente, como un alhelí en un búcaro sin agua.

-          Señor, mi señor, vuestra hija no padece enfermedad alguna. Es vuestra voluntad de casarla con quien no ama la que la hace languidecer. Y así será si no cejáis en vuestro empeño.

El soberano señaló al extranjero con ademán iracundo.

-          ¡Las excusas, frutos de la incapacidad, llenan las bocas de los necios!

El hombre de Oriente se alzó enojado. En esta ocasión su mirada se encendió como las ascuas sobre las que sopla el cálido viento del desierto.

-          No sois quién de ofenderme, ni vos ni vuestras palabras, puesto que la ignorancia y la soberbia son dos caños del mismo manantial. Sin embargo, os diré algo que tal vez comprometa mi vida: aseguráis que una peste desconocida asola vuestros campos, hiere a vuestro ganado y traspasa las paredes del palacio para poseer a vuestra propia hija. No, señor, mentís. Mis ojos no están ciegos ni mis sentidos han perdido su agudeza. Bajo vuestra diestra dirección se hallan los que incendian los cultivos destruyendo las cosechas, los que persiguen a las alimañas en sus guaridas y las lanzan sobre el ganado, los que urden siniestros planes para adueñarse de los reinos vecinos utilizando las alianzas del matrimonio. El resto es producto de la miseria, la necesidad y la escasez. Son demasiados súbditos y demasiadas bocas demandando alimento. Mientras, vos oráis ante el gentío y recomendáis a todos que sigan vuestro ejemplo para librarse del mal, que no se agrupen, que desconfíen de los demás, que no osen dudar de vuestra buena fe. No pretendéis otra cosa que dividirlos y evitar que, uniendo sus fuerzas, se opongan a vuestros designios. Muy burdas, tristes y despiadadas son tanto las intenciones como los medios, nada que un hombre de bien no intuya en la frialdad de los ojos de su oponente.

Dicho esto, el sabio musulmán avanzó hacia la puerta con paso firme, mientras su túnica malva seguía, obedientemente, los nerviosos movimientos de su cuerpo.

-           ¡Detenedle! ¡Que no salga de palacio! ¡Llevadlo a la hoguera, por hereje y por brujo! Diremos que ha traicionado a su señor y al pueblo entero, que niega las plagas y castigos enviados por Dios, que él mismo conspira contra el orden y la paz del reino. ¡Daos prisa! No vaya a ser que ilumine el camino a nuevos disidentes…